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Artículo de El Mundo sobre HEMAV

Drones: los insectos tecnológicos que revolucionarán el cielo. El pasado martes 18 de Marzo de 2014, David Muñoz Sastre de El Mundo, publicó un artículo sobre HEMAV y las máximas de sus servicios.

A simple vista parecen grandes abejorros sacados de una película de ciencia ficción. Pero detrás de estos insectos tecnológicos voladores capaces de grabar imágenes espectaculares, monitorizar instalaciones eléctricas o supervisar campos de cultivo, se escondenauténticos aviones. Diseñar y fabricar un dron (zángano, en inglés), también conocido como UAV (vehículo aéreo no tripulado), no dista mucho de hacer lo propio con un avión: de una buena estructura, aerodinámica, estabilidad y seguridad depende su éxito.

Lo que empezó siendo una potente y peligrosa tecnología militar -Estados Unidos e Israel los utilizan desde hace dos décadas como arma de guerra-, ahora también se implementa para infinidad de usos civiles. Salvando las distancias, la evolución se asemeja a la de internet. Los drones ya se utilizan para labores de rescate, vigilancia y control de incendios. Lo que hace tan atractiva esta tecnología es poder realizar tareas complicadas para el ser humano sin poner su vida en peligro.

Uno de los ámbitos que más crece, tanto a nivel aficionado como profesional, es la grabación de vídeo aéreo para cine, publicidad o eventos deportivos. “En los últimos seis meses el sector audiovisual ha experimentado un boom”, asegura Xavi Silva, ingeniero aeronáutico y responsable de línias de negocio en Hemav, empresa catalana de drones fundada en 2012.

 

La idea de Silva y otro ingeniero aeronáutico de la UPC, Carlos Ferraz, empezó a gestarse hace cuatro años, cuando el desarrollo civil de los UAV era aún incipiente. “Ya se trabajaba con drones pero en el ámbito de la investigación universitaria”, afirma. Aprovecharon el hueco para comercializar una tecnología poco madura pero con mucho potencial. Aunque inicialmente su intención era vender los aparatos, acabaron orientándose a ofrecer un servicio: “Nadie quiere comprar el bicho, sino las imágenes”.

Cuentan con un equipo multidisciplinar y su especialidad es la grabación de imágenes y la teledetección agrícola. La primera línea de negocio les ha llevado a trabajar con clientes como TVE –grabando los exteriores de la Zarzuela en el discurso navideño del Rey-. Con la segunda vía ofrecerán una tecnología que permita a los agricultores detectar diferencias en el cultivo y solucionar problemas, como la existencia de una plaga.

Los drones también congenian con el marketing digital. Por ello Hemav participó en el evento de negocios digitales eShow Barcelona, celebrado en Fira Montjuïc. Allí presentaron su última novedad: un banco de imágenes online donde hallar planos aéreos concretos para la realización de vídeos.

En España, el uso de los UAV no está regulado. Cualquiera puede hacer volar un aparato siempre que no supere los 1.000 pies(unos 300 metros), donde comienza el espacio aéreo protegido. “Hay un vacío legal”, advierte Silva, que genera incertidumbre pero a la vez deja a merced de la imaginación el uso de los drones. En cuestión de un año, pronostica, “se impulsará una legislación con la que sólo podrán operar plataformas homologadas, empresas registradas y pilotos con formación”.

“La seguridad es lo más importante, por ello contamos con sistemas de paracaídas, baterías extra y opción de piloto automático”

Para Xavi Silva “no hay un buendron para todo”. La finalidad determina el peso, la estabilidad y la autonomía que ha de tener el aparato. Los hay de todo tipo. Desde pequeñas máquinas, como el Nano Hummingbird fabricado en el Pentágono (16 centímetros, 19 gramos y ocho minutos de vuelo), a enormes bichos del tamaño de un Boing 737, como el Eitan israelí (20 horas de vuelo hasta 12 kilómetros de altura). España también tiene sus particulares drones. Destaca el Milano, que pesa 900 kilos, alcanza los 230 km/hora y puede volar más de 20 horas.

Las plataformas diseñadas por Hemav -a partir de piezas adquiridas por separado-, van desde los dos a los ocho kilos. Disponen de cuatro drones diferentes que se adaptan a las necesidades, con un sistema de vuelo manual o autónomo y con una estructura de ala fija o hélices (octocóptero). Dos unidades conforman su tecnología: el rotor (el drone) y la steadycam (lo que sujeta y estabiliza la cámara). Mientras un piloto se ocupa del vuelo, otro se encarga de los movimientos y la grabación de la cámara.

La moda de los drones ha crecido, en parte, gracias a las experiencias de aficionados. Desde 300 euros se puede conseguir el conocido cuadcóptero Phantom, de cuatro kilos y 15 minutos de autonomía, al que se le puede añadir una cámara GoPro. Para Xavi Silva, competir con este mercado low cost “es imposible” aunque en un futuro “la legislación impedirá que los aficionados sigan volando”.

La seguridad es su principal baza para afianzarse como servicio profesional frente a la oferta destinada al hobby. “La caída de un aparato de ocho kilos que vuela a 200 metros puede ser muy peligrosa”, advierte Silva. Antes de poder ofrecer un servicio, los pilotos han de experimentar al menos 150 horas de vuelo; las máquinas, 100. Disponen de sistemas de paracaídas, baterías extra y piloto automático, en caso de pérdida de la señal: “Lo más importante es la seguridad”.

La fiebre de los insectos tecnológicos voladores no ha hecho más que empezar. Hay quien cree que serán los futuros dueños del cielo: dentro de unos años, en vez de llevar cámaras, llevarán personas.

Link de la versión completa online del artículo de El Mundo donde se publica el ariculo de David Muñoz Sastre. Los insectos tecnológicos del futuro.

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